La sintonía fina del cuerpo y la mente: comprendiendo la coordinación visomotora
He comprobado que el cuerpo es el primer gran libro a través del cual los niños descubren y comprenden el mundo.
Hoy quiero detener la mirada en un concepto fundamental de la psicomotricidad y la estimulación temprana:
la coordinación visomotora.
A menudo, asociamos el éxito escolar únicamente a la capacidad de concentración, pero detrás de cada trazo en el papel, de cada recorte con tijeras o de cada construcción con bloques se esconde una habilidad fascinante y compleja.
La coordinación visomotora —o coordinación óculo-manual— es la capacidad que tiene nuestro cerebro para guiar y sincronizar los movimientos de las manos y los dedos en absoluta armonía con lo que los ojos están viendo.
Este proceso no es automático ni surge de la nada; requiere que el sistema visual, el sistema nervioso y el aparato locomotor trabajen en equipo de manera perfecta.
Cuando un niño dibuja un círculo, encaja piezas pequeñas, ensarta cuentas o modela plastilina, sus ojos actúan como el mapa y sus manos como el vehículo.
¿Por qué es tan crucial esta destreza en la infancia?
Porque constituye el puente directo hacia aprendizajes instrumentales tan determinantes como la lectoescritura y el cálculo.
Un niño que ha desarrollado una buena coordinación visomotora manejará con soltura el lápiz, tendrá un trazo más seguro, mantendrá una postura adecuada y sufrirá menos fatiga ante las tareas escolares.
Sin embargo, para llegar a esa precisión fina, la mano necesita haber recorrido un largo camino de movimiento libre.
Antes de exigir fichas o cuadernos, los niños deben trepar, lanzar, atrapar pelotas, rasgar papel y explorar texturas.
La motricidad gruesa siempre pavimenta el camino de la motricidad fina.
Familias, permitamos que los peques experimenten con sus manos, jueguen al aire libre y manipulen materiales diversos sin prisa.
Cada juego de habilidad es una neurona conectando con la siguiente.
¡Sigamos acompañando su crecimiento con el corazón!

