¿Qué son los reflejos primitivos y por qué son la base de todo nuestro desarrollo?

Cuando observamos a un recién nacido, nos fascina comprobar cómo es capaz de cerrar con fuerza su manecilla alrededor de nuestro dedo, buscar instintivamente el alimento o girar la cabeza si rozamos su mejilla.

Estos movimientos automáticos y estereotipados no son casualidad; forman parte de un repertorio innato con el que venimos al mundo:
los reflejos primitivos.


Como docente he aprendido que para entender cómo aprende, se mueve y se concentra un niño en etapas posteriores, primero debemos mirar hacia estos cimientos invisibles.

Los reflejos primitivos son respuestas motrices automáticas que se originan en las estructuras inferiores del cerebro —el tronco encefálico— ya durante la etapa intrauterina.

Su función principal es estrictamente de supervivencia y protección durante los primeros meses de vida, permitiendo al bebé adaptarse al nuevo entorno fuera del útero.


Sin embargo, su papel va mucho más allá.

Estos reflejos actúan como un verdadero gimnasio neurológico primario.

A través de su activación repetida, el sistema nervioso central va madurando, permitiendo que las conexiones neuronales se fortalezcan y que el cerebro superior comience a tomar el control.


El proceso natural dicta que estos reflejos deben cumplir su misión durante el primer año de vida y, posteriormente, «integrarse».

Esto significa que deben apagarse o inhibirse de manera progresiva para dejar espacio a los movimientos voluntarios, conscientes y coordinados.

Si por diversas razones un reflejo primitivo permanece activo más tiempo del debido, puede interferir en el desarrollo posterior del niño, generando dificultades en la postura, en el equilibrio, en la coordinación motora gruesa y fina, o incluso en la atención y en el aprendizaje escolar.


Comprender qué son los reflejos primitivos nos invita a valorar la inmensa complejidad del cuerpo humano desde el nacimiento.

Respetar el movimiento libre y las etapas motrices tempranas es la mejor garantía para que este sistema madure con éxito.

¡El movimiento es, sin duda, el lenguaje secreto del desarrollo infantil!



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