Gracias…

Esta mañana, al llegar al cole, una madre se acercó hasta mí para saludarme, y después de los buenos días me dijo:

«Profe, ayer me dijeron que mi niña tiene una psicomotricidad muy buena; y eso es gracias a ti».

Al escucharla, me quedé unos segundos en silencio, procesando la profundidad de esas palabras; y mientras me despedía de ella, comencé a sonreír con los cachetes colorados.

Y es que, a menudo, la psicomotricidad se percibe desde fuera como «el rato de correr» o «el tiempo de los juegos».

Sin embargo, quienes habitamos el aula de Infantil y Primaria sabemos que cada circuito de equilibrio, cada salto coordinado y cada ejercicio de lateralidad son los cimientos sobre los que se construye la seguridad de un niño.

Cuando un alumno domina su cuerpo, empieza a dominar su mundo.

Me tomo ese «gracias» como un reconocimiento a la psicomotricidad como base del aprendizaje y a los años que llevo trabajando como docente de Psicomotricidad.

Que no se le olvide a nadie que un cuerpo bien estructurado es el preludio de una mente capaz de concentrarse, de una mano que escribe con fluidez y de un corazón que se siente seguro en el espacio.

Como maestros, nuestro mayor éxito no es que memoricen solo conceptos o fechas, sino que nuestros alumnos sean los arquitectos silenciosos de su autonomía física y emocional.

Hoy he entrado en clase con la certeza de que, tras cada tropiezo corregido y cada meta alcanzada en el patio o en la sala de psicomotricidad estamos escribiendo el futuro de su bienestar.

Y a la mama que esta mañana me ha dicho lo que me ha dicho… Gracias !!!! de corazón por tus palabras, tu confianza y tu sonrisa.



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