Decisiones

Hoy no vengo a hablaros de raíces cuadradas ni de sujetos omitidos, sino de algo que nos pone a prueba cada día, incluso fuera del aula: tomar decisiones.

A veces parece que la vida es un examen de tipo test infinito, ¿verdad? Pero con una diferencia: aquí no hay una única respuesta marcada en verde en el libro del profesor.

Elegir un camino siempre da vértigo.

Da igual si es decidir qué estudiar, cómo resolver un conflicto con un amigo o qué dirección darle a nuestra carrera. Ese nudo en el estómago es real porque decidir implica, inevitablemente, renunciar.

Al decir «sí» a una opción, le estamos diciendo «no» a otras mil posibilidades, y eso asusta.

Sin embargo, lo que siempre les digo a mis alumnos es que lo verdaderamente importante no es solo el momento de elegir, sino hacerse cargo de las consecuencias.

Las decisiones son semillas: algunas dan frutos dulces y otras nos traen tormentas, pero todas son nuestras.

Equivocarse no es un fracaso, es una lección magistral de la vida. Lo único que no podemos permitirnos es dejar que otros decidan por nosotros por miedo a fallar.

Al final, somos lo que elegimos. Así que, aunque tiemble el pulso, ¡coge el timón de tu vida y decide!



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