Mi alumna Carnavalera


Tengo este año en mi clase a una alumna que ama el Carnaval de Cádiz.

Se conoce a las agrupaciones. A los intérpretes. A los autores.

Las modalidades. El fallo del jurado. Los tipos.

Y pasa más tiempo en la Tacita de Plata, que en nuestra ciudad.

Y a mi me encanta que ella sea así. Que defienda sus gustos. Que vaya descubriendo el mundo a través del Carnaval. Y que valore lo que es un piropo, la ironía o la guasa gaditana a través de las coplas que, poco a poco, se van acumulando en su memoria.

Esta alumna es especial porque su corazón no sólo late al 3×4, sino porque es la sensibilidad hecha corazón.

A veces sufre. A veces calla. A veces la busco con la mirada para sufrir los dos por lo que no podemos callar.

Me gusta hablar con ella en cualquier momento y que me muestre cómo sus ojos van aprendiendo esas cosas que uno aprende más allá de los libros.

Es una de mis suertes de cada día. La de compartir clase con una alumna que está dejando huella en mí y a la que echaré de menos cuando el telón de la vida le haga aguardar otras finales.

Espero que siempre siga así.

Que nadie le quita nunca la ilusión de hablar lo que siente cuando lo que siente nazca del fondo de su alma, y que la locura de amar a Cádiz la persiga toda la vida, como el levante persigue a las ropas tendidas.

Y que esta noche, como hemos dicho al despedirnos, que gane el mejor.



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